Lucha de búfalos en Sumatra
2007 | By admin | Categoría: Uncategorized

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En Sumatra, cerca de Bukkitingi caminé por la calzada varios kilómetros contemplando la frondosa vegetación que rodeaba a la zona. Mi destino era dirección Koto Baru, un pequeño pueblo tradicional que alberga tejedoras tradicionales de batiks. Tras mi visita al poblado, en el que permanecí una noche tras haber sido invitado por un amable maestro de escuela en su clásica motocicleta (esta historia la reflejaré más adelante) regreso a pie hasta la carretera esperando que alguien me recoja. Es cierto que los transportes públicos son de lo más baratos por aquí, pero más baratos aún resultan los gratuítos transportes de particulares cuyos conductores te permiten adentrar incluso en sus vidas ( ni que sea por unas pocas horas ) aventajandote también incluso de no sufrir los tan comunmente retrasos en las líneas llamadas en teoría regulares.
Acudimos dirección a una zona próxima en la que hoy me comentó se celebran una de esas luchas de búfalos locales tan típicas de algunas zonas remotas de Indonesia como Sumatra o Sulawesi. Dejado en un cruce del camino respiro la paz de los alrededores, cruzándome a algún señor que está sacando a pasear a su búfalo como si de un perro se tratase. Diviso a un pequeño en una charca, con su neumático de plantas y cañas, que avisa a su familia de que ha visto a alguien diferente. Se despiden de mí con los brazos altos y en movimiento. Me quedaría con ellos un rato, pero no dispongo de tiempo suficiente. Por estos parajes podrías emplear semanas sólo en conocer a todo aquel que te saluda. Llego al final del recorrido (o lo que es lo mismo, a la entrada al pueblo) donde se encuentra una enorme sinagoga junto a algunas casas de la zona con sus tejados en forma de puntas, tan típicas de Sumatra. Al llegar a la carretera tomo una furgoneta que me recoge en buena dirección. Me comentan que en una hora comenzarán los combates (solamente se celebran los miércoles y sábados a partir de las 16:00). Al llegar a la zona donde se celebra contemplo que no es ni siquiera un pueblo: sólo hay cuatro casas. Todos son varones, a excepción de un par de camareras con las que tomo un café. La gente empieza a hacer apuestas en masa a favor de una de las bestias. Son combates físicos en los que la victoria es para el animal que consigue hacer huir a su adversario. El campo de combate está enfangado y rodeado de una penetrante vegetación selvática.
Los cuidadores de los animales no se separan en ningún momento de ellos, y les hacen constantes caricias en espera de sacar un provecho económico. Tras fuertes gritos, empieza el combate y las bestias deslizan sus cabezas de enormes cuernos para imponerse. Se realizan únicamente dos combates de unos quince minutos cada uno. Las salpicaduras de fango producidas por las patas de los animales son continuas.
En el primer combate no huye ningún animal, pero en el segundo es divertido ver como huye despavorido el perdedor a lo largo de los alrededores de las casas. Los más jóvenes empiezan a seguirlo y me recuerda a los encierros de Pamplona. Finalmente, amansa la huida y un jovencito, en actitud victoriosa y de poder, lo ata para su retirada. Había imaginado el combate más arriesgado, lógicamente al provenir de una tierra en la que la tradición hace que sea una lucha a muerte injusta entre humano y animal. Regreso de nuevo a Bukkitingi en otro furgón, esta vez pagando…







































