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Centro rehabilitación en Camboya

By sacasonrisas on 11/02/2007

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Si el día anterior contemplé las maravillas realizadas por los humanos en Angkor hoy es el día indicado para contemplar los horrores realizados también por esos mismos humanos y sus locuras trasnsitorias. Decido averiguar dónde puedo visitar algún centro de rehabilitación de minas antipersonales. No saco nada en claro a través de Internet ya que, según mi información, muchos de los centros de rehabilitación están situados en zonas alejadas del país. Preguntando, averiguo de la existencia de uno en Siem Reap, al que acudo con gran interés.

Junto a un pequeño campo de voleibol donde juegan algunos minusválidos se encuentra el centro de rehabilitación. Las puertas están abiertas al visitante, pero por aquí no hay mucho turista. Todos se encuentran en las ruinas de Angkor.

En la misma entrada del recinto unos hierros de formas diversas sirven como improvisadas máquinas para los ejercicios de rehabilitación. Algunos pacientes están realizando sus ejercicios cuando entro. Una joven sin pierna me mira bajo una expresión de dulzura en el rostro que contrasta terriblemente con su problema. Cercana a ella se encuentra otro afecado; un señor delgado de unos 60 años que me saluda con el símbolo de victoria en sus firmes dedos, como queriendo demostrar su valiente esfuerzo de superación. Ese simple gesto no lo podré olvidar jamás. En el interior del recinto me muestran como fabrican las diferentes prótesis de manos y piernas. El método es totalmente artesanal, con artilugios similares a los de un carnicero o dentista. Un enorme tablón con fotografías muestra imágenes de los pacientes realizando actividades deportivas con sus nuevas prótesis. Me introduzco en una de las habitaciones compartidas, donde se encuentra una niña, imagino familiar de algún afectado. Junto a la habitación hay un pequeño patio en el que algunos pacientes están jugando a la petanca. Entre ellos me sorprende ver a un occidental al que también le falta una pierna, me pregunto cómo y por qué, habrá llegado hasta aquí. Voy hacia la salida, me gustaría hacer algo más pero ni siquiera tengo papel fotográfico encima, así que no puedo regalarles algunas fotografías de las que voy regalando en mi viaje. Les pido una tarjeta del centro para enviar las copias y me marcho algo apenado tras la visita que dejo huella en mi camino.

El dedo alzado que me mostró un paciente como símbolo de superación diaria durante su clase de ejercicios para recuperar su antigua movilidad se ha quedado grabado en mi memoria de por vida .

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