Sapa
CAPÍTULO XXI
Sapa: tribus de las montañas.
Al llegar a Hanoi, regresamos nuevamente al hotel en el que dejamos las bolsas y, una agradable sorpresa, nos permiten tomar una ducha antes de salir. Vamos a comprar billetes de tren dirección Sapa, en la zona norte del país. El precio en el hotel es de 12$; comprándolos en la misma estación cuestan sólo 4$.
Marcho en el primer tren, junto a Luis. Hemos adquirido los billetes más baratos con derecho a butaca. Si se desea litera, los precios se incrementan un par de dólares. Los asientos son de madera dura, incómodos para dormir, por lo que la gente anda tirada por los suelos, que es, en definitiva, el mejor sitio para lograr descansar. Nos tiramos en los asientos de un vagón de clase superior pero la revisor nos echa al instante al comprobar que no disponemos del billete adecuado. Retornamos más tarde y otra vez nos vuelve a sacar; y así hasta que, a la tercera, parece que le caímos simpáticos y desiste. ¿Por qué no aprovechar los mejores asientos si están libres ?
Al no poder dormir de forma continuada, al cabo de un rato nos vamos al vagón-bar. Es de lo más rudimentario, incluso con un horno tradicional. Allí conocemos a un simpático gordito, muy alegre, con el que conversamos y al que sacamos alguna sonrisa con el masajeador. Más tarde, desean probarlo algunos empleados del vagón, e incluso un militar. Tomamos un par de reconfortables cafés en unos vasos que harían pedir la carta de reclamación en mi país. Parece que nos hemos despejado justo al alba ante el evidente cambio de temperatura. La ventana del vagón sin cristal nos hace ver el montañoso paisaje con su niebla matinal incluida, estamos a 3150 metros sobre el nivel del mar. Llegamos a Lao Cai a las 8:00 de la mañana. Es una pequeñísima población de donde se cogen los transportes dirección Sapa .Los trayectos en minibús duran una hora por solo un 1 $.
Nos encontramos al fin en Sapa, ese pequeño rinconcito del norte de Vietnam cuna de las múltiples y curiosas etnias que por aquí se encuentran distribuidas. Parece que es temporada más que baja al comprobar como nos dejan escoger la habitación que deseamos de entre todas las que hay libres. Todo el hotelito es para nosotros. El coste, el mismo de casi todos los que encontramos, 2$ con agua caliente, televisión y unas vistas desde la habitación dignas de recordar. También nos han dejado varias mantas para cubrirnos por la noche, cuando las temperaturas descienden varios grados. Estamos situados muy cerca del pequeño mercado central. Allí comemos unos sabrosos springrolls por 0,60$. Todos nos hemos aficionado a estos rollitos de carne y vegetales idóneos para tomarlos con salsa de soja. Reposamos a continuación un rato en la cama antes de explorar el nuevo pueblo.
Sapa no tiene una extensión muy grande, lo que la hace una zona idónea para recorrer sus alrededores en un marco de naturaleza incomparable. La niebla persiste todavía y la temperatura se mantiene en los 8º. Damos una vuelta por el pequeño mercado y alguna de las pocas callecitas con las que cuenta el pueblo. La gente viste con atuendos típicos de las diferentes tribus del norte como los hmong y los red dao. Varias de esas tribus se encuentran mezcladas por el centro del pueblo a la espera de cruzarse con algún extranjero para ofrecerles sus telas o productos tribales.


















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